[...] When the Cold War ended, my friend Pat Moynihan asked me: “What are you conservatives going to hate, now that you can’t hate Moscow?” My instant response was: “We are going to hate Brussels”—Brussels, because it is the banal home of the metastasizing impulse to transfer political power from national parliaments to supranational agencies that are essentially unaccountable and unrepresentative.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Odiar Bruselas
George F. Will:
lunes, 14 de mayo de 2012
“La Ciencia Gallega Excelente”
Bajo el título “La Ciencia Gallega Excelente”, publica hoy Faro de Vigo un artículo del catedrático de la Universidad de Vigo David Posada, quien se queja de la nefasta política científica de la administración, y de la actual Xunta de Galicia muy en particular.
El artículo surge después de la huida de Galicia de su investigador universitario más brillante y con más proyección internacional: Luis Liz Marzán, único investigador de Galicia al que el Consejo Europeo de Investigación ha concedido un proyecto "Advanced Grant", el tipo de financiación más prestigioso que puede recibir un investigador hoy en día en Europa. Liz ha sido fichado por un centro de investigación del País Vasco, sin que, según Posada, se haya realizado ningún esfuerzo real para retenerlo. (“Tengo la impresión de que con haberle ofrecido la mitad de lo que se merece se habría quedado en la Universidad de Vigo”, dice Posada).
Eso sí, el rector Mato tuvo buen cuidado de salir en las fotos cuando Liz obtuvo el glamuroso proyecto europeo, como recordaba mordazmente, en una columna titulada “Un ‘enorme orgullo’ que emigra”, el propio Faro de Vigo hace unos días. Por su parte, la vicerrectora de investigación de la Universidad de Vigo, Asunción Longo, lejos de esconderse debajo de las piedras, manifestaba con alegre desfachatez en las mismas páginas de Faro de Vigo que la huida de Liz es un “éxito” para la Universidad, pues exporta talento a “centros de prestigio” (o sea, a centros que no son la Universidad de Vigo). Le deseamos a la Sra. Vicerrectora muchos éxitos más como este y que siga “exportando” talento… hasta dejar la Universidad como un erial; con un poco de suerte, el próximo "orgullo" de la institución será la salida del propio Posada o cualquier otro investigador al que se le agote la paciencia.
En realidad, la muerte de la Ciencia y del I+D en Galicia empezó el mismo día en que Núñez Feijóo puso sus pies en la Xunta y comenzó a nombrar a altos y medios cargos de una mediocridad como no se había visto nunca en la historia de las cuatro provincias. Con el único mérito conocido de alcanzar por primera vez una dirección xeral de i+d sin siquiera saber lo que es un doctorado, Ricardo Capilla ha reforzado inexplicablemente todos los opacos chiringuitos de negocios oligopolísticos creados en la era BNG, mientras ha despreciado ferozmente cualquier cosa que oliera mínimamente a inversión en el futuro de la ciencia y la tecnología en Galicia. Su ausencia en cualquier campaña o acto científico de relevancia es bien conocida en las tres universidades y el CSIC. Tan poco le gusta la Investigación al director xeral de Investigación, que Educación ha tenido finalmente que hacerse cargo de las competencias de Investigación...
No hace mucho, el investigador en neurología de la UDC Casto Rivadulla publicaba una carta en La Voz de Galicia en la que llamaba la atención sobre las lamentables declaraciones de Capilla en un debate televisado, abogando por la “investigación que da resultados tanxibles, trasladables a empresa” (¿a cuál?) frente a “esa que ten como único obxectivo ‘publicar’” (por ejemplo, la teoría de la relatividad).
Recordaba Rivadulla que Paul Allen, fundador de Microsoft, aporta 300 millones para financiar una investigación sobre la visión del ratón, y que le UE pone 100 millones de euros para desarrollar un modelo de ordenador lo más parecido a un cerebro humano. Claro está, para las empresas (de Capilla) estas cosas no son tangibles, así que nunca serían financiadas. Cómo van a competir con chiringuitos, grupos de ´excelencia´ y demás chorradas tan del gusto vicerrectoral y xuntero… (Véase artículo de Posada al respecto de “masas críticas” y “grupos de excelencia”).
Tenía que llegar un gobierno del PP para destrozar lo poco que quedaba de I+D en Galicia nombrando mandarines a toda suerte de mercaderes del templo que desprecian la ciencia y la investigación. Enhorabuena, Feijóo: Esto (también) lo has conseguido.
El artículo surge después de la huida de Galicia de su investigador universitario más brillante y con más proyección internacional: Luis Liz Marzán, único investigador de Galicia al que el Consejo Europeo de Investigación ha concedido un proyecto "Advanced Grant", el tipo de financiación más prestigioso que puede recibir un investigador hoy en día en Europa. Liz ha sido fichado por un centro de investigación del País Vasco, sin que, según Posada, se haya realizado ningún esfuerzo real para retenerlo. (“Tengo la impresión de que con haberle ofrecido la mitad de lo que se merece se habría quedado en la Universidad de Vigo”, dice Posada).
Eso sí, el rector Mato tuvo buen cuidado de salir en las fotos cuando Liz obtuvo el glamuroso proyecto europeo, como recordaba mordazmente, en una columna titulada “Un ‘enorme orgullo’ que emigra”, el propio Faro de Vigo hace unos días. Por su parte, la vicerrectora de investigación de la Universidad de Vigo, Asunción Longo, lejos de esconderse debajo de las piedras, manifestaba con alegre desfachatez en las mismas páginas de Faro de Vigo que la huida de Liz es un “éxito” para la Universidad, pues exporta talento a “centros de prestigio” (o sea, a centros que no son la Universidad de Vigo). Le deseamos a la Sra. Vicerrectora muchos éxitos más como este y que siga “exportando” talento… hasta dejar la Universidad como un erial; con un poco de suerte, el próximo "orgullo" de la institución será la salida del propio Posada o cualquier otro investigador al que se le agote la paciencia.
En realidad, la muerte de la Ciencia y del I+D en Galicia empezó el mismo día en que Núñez Feijóo puso sus pies en la Xunta y comenzó a nombrar a altos y medios cargos de una mediocridad como no se había visto nunca en la historia de las cuatro provincias. Con el único mérito conocido de alcanzar por primera vez una dirección xeral de i+d sin siquiera saber lo que es un doctorado, Ricardo Capilla ha reforzado inexplicablemente todos los opacos chiringuitos de negocios oligopolísticos creados en la era BNG, mientras ha despreciado ferozmente cualquier cosa que oliera mínimamente a inversión en el futuro de la ciencia y la tecnología en Galicia. Su ausencia en cualquier campaña o acto científico de relevancia es bien conocida en las tres universidades y el CSIC. Tan poco le gusta la Investigación al director xeral de Investigación, que Educación ha tenido finalmente que hacerse cargo de las competencias de Investigación...
No hace mucho, el investigador en neurología de la UDC Casto Rivadulla publicaba una carta en La Voz de Galicia en la que llamaba la atención sobre las lamentables declaraciones de Capilla en un debate televisado, abogando por la “investigación que da resultados tanxibles, trasladables a empresa” (¿a cuál?) frente a “esa que ten como único obxectivo ‘publicar’” (por ejemplo, la teoría de la relatividad).
Recordaba Rivadulla que Paul Allen, fundador de Microsoft, aporta 300 millones para financiar una investigación sobre la visión del ratón, y que le UE pone 100 millones de euros para desarrollar un modelo de ordenador lo más parecido a un cerebro humano. Claro está, para las empresas (de Capilla) estas cosas no son tangibles, así que nunca serían financiadas. Cómo van a competir con chiringuitos, grupos de ´excelencia´ y demás chorradas tan del gusto vicerrectoral y xuntero… (Véase artículo de Posada al respecto de “masas críticas” y “grupos de excelencia”).
Tenía que llegar un gobierno del PP para destrozar lo poco que quedaba de I+D en Galicia nombrando mandarines a toda suerte de mercaderes del templo que desprecian la ciencia y la investigación. Enhorabuena, Feijóo: Esto (también) lo has conseguido.
miércoles, 18 de abril de 2012
Xavier Sala-i-Martín: No llores por mí Argentina. Llora por tí!
La historia empieza entre 1992 y 1999, cuando el gobierno peronista de Carlos Menem (del mismo partido de Kirchner) decide privatizar YPF debido a la enorme cantidad de pérdidas de la compañía. (...)
***
Por otro lado, Carlos Rodríguez Braun:
Hay un riesgo muy grande [en las respuestas que pueda dar España a la expropiación], y estos problemas pueden derivar en lo que se llaman las guerra comerciales. Sería lo peor. La espiral conduce siempre a una perdida de libertades y derechos. A mi me ha interesado mucho cuando estalla la expropiación quienes son los grupos políticos que en España salen a aplaudirla. Eso es muy interesante: primero los comunistas, segundo los filoetarras y tercero también la extrema derecha.
Los antiliberales de todas las tendencias pueden juntarse en esto. Efectivamente tiene un peligro de que el gobierno español tome esta medida como justificaron para tomar otra parecida y tendríamos todo el discurso proteccionista: cerremos las fronteras, pongamos aranceles a las importaciones de Argentina.. esto tiene el peligro de que como hay un país que daña a sus ciudadanos con medidas intervencionistas, el nuestro haga lo mismo, y dañen también a los ciudadanos españoles. Hay que tener muchísimo cuidado para no hacerlo.
miércoles, 11 de abril de 2012
jueves, 29 de marzo de 2012
“Internacional” y “Sole mio”, por Julio Camba
Apenas habíamos atravesado la frontera de Italia, cuando el tren se detuvo. Pasaron cinco minutos, diez, quince...
— ¿Qué ocurre?
Ocurría que los obreros italianos habían acordado hacer una huelga general de dos horas; pero si me preguntan ustedes para qué, no sabré contestarles. Un conductor decía que era para obligar al Gobierno a reconocer la República rusa de los soviets, y un fogonero, con una cara que, más que por los menesteres de su trabajo, parecía tiznada deliberadamente, aseguraba que tenía por objeto protestar contra el terror blanco de las clases directoras.
Y es posible que, en efecto, los obreros hiciesen la huelga con semejantes propósitos; pero, sobre todo, yo creo que la hacían por el gusto de hacerla. Si yo me encontrase de pronto en posesión de una fuerza tal que me permitiese paralizar en un momento dado el tráfico de toda una nación, yo no creo que pudiese resistir ni media hora al deseo imperioso de ensayarla. La ensayaría, a ver lo que pasaba, y cuanto más oyese chillar en los trenes detenidos a las señoras gordas y comodonas, a los comerciantes que no podrían llegar a tiempo a sus sórdidos conciliábulos, y a los turistas de la Agencia Cook, que creen que si Dios ha hecho el mundo, con sus montañas y sus mares y sus ríos y sus bosques, y si el hombre lo ha cubierto de obras de arte, ha sido únicamente para que ellos puedan verlo entero en un viaje circular de dos meses por un puñado de libras esterlinas, tanto más me divertiría para mis adentros.
Afortunadamente, una huelga es una cosa muy trabajosa, y la huelga del 14 de octubre, que fué el día en que yo entré en Italia, no duró más de las dos horas que se habían anunciado. A las dos horas, el tren se puso nuevamente en marcha; pero no haría de esto quince minutos, cuando se paró de nuevo. Ahora se trataba de oír una murga socialista —bombo, clarinete, trombón y platillos— que en un pequeño apeadero tocaba “La Internacional”.
— ¡Viva la huelga! —gritó, al final, el clarinete.
— ¡Viva!
— ¡Vivan los soviets rusos!
— ¡Vivan!
— ¡Abajo el terror blanco!
— ¡Abajo!...
Pero el repertorio socialista es muy limitado, y cuando el tren reanudaba su marcha, los huelguistas, a quienes rodeaba todo el pueblo, comenzaban a tocar el “Sole mio...”
Todavía nos detuvimos seis o siete veces para oír himnos, discursos, vivas y mueras, y por fin llegamos a Milán cansados pero alegres, y más con la impresión de haber entrado en un país en fiesta que en un país en revolución.
— ¿Qué ocurre?
Ocurría que los obreros italianos habían acordado hacer una huelga general de dos horas; pero si me preguntan ustedes para qué, no sabré contestarles. Un conductor decía que era para obligar al Gobierno a reconocer la República rusa de los soviets, y un fogonero, con una cara que, más que por los menesteres de su trabajo, parecía tiznada deliberadamente, aseguraba que tenía por objeto protestar contra el terror blanco de las clases directoras.
Y es posible que, en efecto, los obreros hiciesen la huelga con semejantes propósitos; pero, sobre todo, yo creo que la hacían por el gusto de hacerla. Si yo me encontrase de pronto en posesión de una fuerza tal que me permitiese paralizar en un momento dado el tráfico de toda una nación, yo no creo que pudiese resistir ni media hora al deseo imperioso de ensayarla. La ensayaría, a ver lo que pasaba, y cuanto más oyese chillar en los trenes detenidos a las señoras gordas y comodonas, a los comerciantes que no podrían llegar a tiempo a sus sórdidos conciliábulos, y a los turistas de la Agencia Cook, que creen que si Dios ha hecho el mundo, con sus montañas y sus mares y sus ríos y sus bosques, y si el hombre lo ha cubierto de obras de arte, ha sido únicamente para que ellos puedan verlo entero en un viaje circular de dos meses por un puñado de libras esterlinas, tanto más me divertiría para mis adentros.
Afortunadamente, una huelga es una cosa muy trabajosa, y la huelga del 14 de octubre, que fué el día en que yo entré en Italia, no duró más de las dos horas que se habían anunciado. A las dos horas, el tren se puso nuevamente en marcha; pero no haría de esto quince minutos, cuando se paró de nuevo. Ahora se trataba de oír una murga socialista —bombo, clarinete, trombón y platillos— que en un pequeño apeadero tocaba “La Internacional”.
— ¡Viva la huelga! —gritó, al final, el clarinete.
— ¡Viva!
— ¡Vivan los soviets rusos!
— ¡Vivan!
— ¡Abajo el terror blanco!
— ¡Abajo!...
Pero el repertorio socialista es muy limitado, y cuando el tren reanudaba su marcha, los huelguistas, a quienes rodeaba todo el pueblo, comenzaban a tocar el “Sole mio...”
Todavía nos detuvimos seis o siete veces para oír himnos, discursos, vivas y mueras, y por fin llegamos a Milán cansados pero alegres, y más con la impresión de haber entrado en un país en fiesta que en un país en revolución.
miércoles, 21 de marzo de 2012
El nazi de Toulouse era yihadista
Decepcionante la cantidad de gente (no sólo Espada) que piensa que 'nazi' y 'yihadista' son términos que no intersecan.
¿Por qué nadie explica la enorme distancia que separa a los islamistas radicales de los nazis, limitándose a darla por evidente?
¿Existe un islamismo radical que no sea filonazi desde que el Gran Muftí de Jerusalén se reuniera con Hitler? (Para empezar, ¿existe un islamismo no radical?)
Abundan las fotos actuales con pancartas de apoyo al Führer. Y abundan los líderes islamistas “moderados” como Yousuf Al-Qaradhawi (que tiene una beca con su nombre instaurada por la Qatar Foundation):
Allah Imposed Hitler upon the Jews to Punish Them – “Allah Willing, the Next Time Will Be at the Hand of the Believers”
- Sheik Yousuf Al-Qaradhawi. Al-Jazeera TV (Qatar)
No obstante todavía perviven útiles demarcaciones, sólo que están en otro plano como bien señala Cristina Losada, quien también los ve como agua y aceite. Y ése es el quid.
[Actualizado, 22 de marzo]
"El nazismo es el islam del Norte"
- Charles Maurras, 1936.
Hoy Espada publica: "se puede ser yihadista y nazi", lo que mejorando el enfoque resulta, a la vez, muy equívoco. Así lo demuestra efectivamente Pedro Fernández Barbadillo al interpretarlo análogo a decir "igualmente, se puede ser etarra y trapichear con droga."
Ahí mi discrepancia: se podrá, tal vez (?), ser yihadista y no nazi.
Sobre "islamonazismo".
.
Una mujer importante
“La mujer será verdaderamente igual al hombre el día que se designe a una mujer incompetente para un puesto importante”. (Françoise Giroud)
Aunque, bien mirado, discrepo acerca de su incompetencia.
Aunque, bien mirado, discrepo acerca de su incompetencia.
lunes, 19 de marzo de 2012
Tocqueville y los ventajosos subproductos de la democracia
En el bicentenario de la Constitución de 1812.
Tocqueville suggests, in a seeming paradox, that democracies are less suited than aristocracies to deal with long-term planning, and yet are superior in the long run to the latter. The paradox dissolves once it is seen that the first statement involves time at the level of the actors, while the second concerns the temporal consequences of their behaviour as seen by the observer. On the one hand, ‘a democracy finds it difficult to cordinate the details of a great undertaking and to fix on some plan and carry it through with determination in spite of obstacles. It has little capacity for combining measures in secret and waiting patiently for the result.’ On the other hand, ‘in the long run government by democracy should increase the real forces of a society, but it cannot immediately assemble, at one point and at a given time, forces as great as those at the disposal of an aristocratic government’. This latter view is further elaborated in a passage from the chapter on ‘The Real Advantages Derived by American Society from Democratic Government’:
The advantages of democracies, in other words, are mainly and essentially byproducts. The avowed aim of democracy is to be a good system of government, but Tocqueville argues that it is inferior to aristocracy viewed purely as a decision-making apparatus. Yet the very activity of governing democratically has as a by-product a certain energy and restlessness that benefits industry and generates prosperity.
- En Sour grapes. Studies in the subversion of rationality, de Jon Elster
Tocqueville suggests, in a seeming paradox, that democracies are less suited than aristocracies to deal with long-term planning, and yet are superior in the long run to the latter. The paradox dissolves once it is seen that the first statement involves time at the level of the actors, while the second concerns the temporal consequences of their behaviour as seen by the observer. On the one hand, ‘a democracy finds it difficult to cordinate the details of a great undertaking and to fix on some plan and carry it through with determination in spite of obstacles. It has little capacity for combining measures in secret and waiting patiently for the result.’ On the other hand, ‘in the long run government by democracy should increase the real forces of a society, but it cannot immediately assemble, at one point and at a given time, forces as great as those at the disposal of an aristocratic government’. This latter view is further elaborated in a passage from the chapter on ‘The Real Advantages Derived by American Society from Democratic Government’:
That constantly renewed agitation introduced by democratic government into political life passes, then, into civil society. Perhaps, taking everything into consideration, that is the greatest advantage of democratic government, and I praise it much more on account of what it causes to be done than for what it does. It is incontestible that the people often manage public affairs very badly, but their concern therewith is bound to extend their mental horizon and to shake them out of the rot of ordinary routine ... Democracy does not provide a people with the most skillful of governments, but it does that which the most skillful government often cannot do: it spreads throughout the body social a restless activity, superabundant force, and energy never found elsewhere, which, however little favoured by circumstances, can do wonders. Those are its true advantages.
The advantages of democracies, in other words, are mainly and essentially byproducts. The avowed aim of democracy is to be a good system of government, but Tocqueville argues that it is inferior to aristocracy viewed purely as a decision-making apparatus. Yet the very activity of governing democratically has as a by-product a certain energy and restlessness that benefits industry and generates prosperity.
- En Sour grapes. Studies in the subversion of rationality, de Jon Elster
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

