jueves, 2 de febrero de 2006

Las elecciones de febrero de 1936

Tomado del libro de Ángel David Martín Rubio, "Los mitos de la represión en la Guerra Civil", Grafite Ed., 2005, 283 páginas.
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El 16 de febrero de 1936 tienen lugar las terceras elecciones celebradas durante la Segunda República. El gobierno nunca publicó unas cifras globales y exactas y la polémica, primero política y después historiográfica, acerca de sus resultados es muy compleja; hasta tal punto que no puede darse por definitivamente resuelta.
Debe tenerse en cuenta que, debido a la Ley Electoral vigente, la mecánica de adjudicación de las actas de diputados era compleja y necesitaba de tiempo para llevar a cabo el escrutinio general, una segunda vuelta donde fuera necesario y la discusión de las Actas en el Parlamento. Cualquier interferencia durante este tiempo tendría una influencia directa sobre el resultado y la ausencia de garantías que finalmente se produjo en cada una de esas etapas, niega toda legitimidad y permite poner en cuestión todo el proceso. El propio presidente de la República, Alcalá Zamora, sintetiza en estos términos la magnitud del fraude que se cometió entre las elecciones y su propia destitución:
«A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.
Primera etapa: Desde el día 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.
Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer de la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar al grupo menos exaltado del Frente Popular. Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.
Fue así que las Cortes prepararon dos golpes de estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil» 1.
La ocupación del poder por el Frente Popular
Las primeras noticias que se dieron el 16 de febrero eran parciales: victoria del Frente Popular en Cataluña, Madrid y otras grandes ciudades y de las derechas en numerosas provincias. A las ocho de la noche fue leída por radio una nota que recogía los primeros datos comunicados por los gobernadores civiles al ministro de la Gobernación:
«Las impresiones que del resultado electoral dan los gobernadores, muy prematuras, puesto que no ha habido tiempo material de terminar los escrutinios, acusan un destacado triunfo de las candidaturas de centro y derechas. Estas impresiones de los gobernadores las anticipamos a reserva de los resultados definitivos, que serán dados a conocer tan pronto como nos sean comunicados y que creemos que no imprimen variación a la tendencia que ahora indicamos» 2.
Hacia las diez, Portela Valladares comunicaba el triunfo de la Esquerra en Cataluña y la dimisión de Escalas, Gobernador General de Cataluña. Esa misma noche, comienzan los desórdenes en la calle promovidos por los partidarios del Frente Popular. Es una situación que se mantendrá a lo largo de estos días logrando influir en los cargos públicos de una manera parecida al 14-abril, es decir, provocando la euforia por una victoria que todavía no existía y desmoralizando cualquier posibilidad de resistencia.
Aunque algunos periódicos como el Heraldo de Madrid afirmaban rotundamente que las izquierdas habían logrado la mayoría absoluta, el 18 de febrero, todavía se tiene la impresión de que va a salir una Cámara en la que el Frente Popular se encontraría en equilibrio o con una ligera ventaja sobre la derecha y con la práctica desaparición del centro.
«A PESAR DEL AMBIENTE QUE HAN QUERIDO CREAR ALREDEDOR DE SU TRIUNFO, LAS IZQUIERDAS NO TIENEN, SEGÚN DATOS HASTA AHORA COMPUTADOS, MAYORÍA EN LA CÁMARA.
Triunfo completo de derechas en Cuenca, Palencia, Valladolid, Toledo, Granada, Logroño, Orense, Lugo, Zamora, Santa Cruz de Tenerife, Ávila, Segovia, Murcia, Navarra, Baleares, Soria, Burgos, Guipúzcoa, Guadalajara, Salamanca y Santander [...]» 3.
En cualquier caso, era imposible decir cuál había de ser la composición definitiva de las Cortes: faltaba por conocer el resultado del escrutinio general del 20 de febrero; en algunas provincias habría que esperar a la celebración de la segunda vuelta y quedaba por desarrollar la labor de la Comisión de Actas para que tuviera lugar la constitución definitiva del Congreso de los Diputados.
En circunstancias normales –como había ocurrido en 1933– el Presidente del Gobierno hubiera dirigido la segunda vuelta y se habría presentado al Parlamento para dar cuenta de la misión recibida. Por el contrario, su dimisión el 19 de febrero va a permitir al Frente Popular la ocupación del Gobierno para, desde él, acabar de redondear los resultados y forzar la mayoría. Portela Valladares había resistido a todas las invitaciones que se le habían hecho para restablecer el orden público, sobre todo por parte del General Franco, jefe del Estado Mayor Central, y de Gil Robles. Si esta cesión se debía al puro pánico o fue fruto de un pacto con los dirigentes del Frente Popular –como afirma Gil Robles en sus memorias– es cuestión difícil de discernir.
En las consultas, casi todos los políticos aconsejaron que se formara el Gobierno que pudiera deducirse de la composición de las nuevas Cortes, pero ¿cuál había de ser ésta? La imposibilidad de formar un Gobierno de acuerdo con la representación parlamentaria de unas Cortes que aún no existían, nos pone de relieve lo absurdo de la situación.
Finalmente fue Manuel Azaña el encargado de formar un Gobierno y lo hizo con elementos de la izquierda burguesa y con el compromiso expreso de realizar el programa del Frente Popular, manteniendo la autoridad del Estado y el respeto a la Constitución y a la Ley. De esta manera se volvía a una situación parecida a la de 1931 en la que Azaña iba a ser progresivamente, aliado, instrumento y prisionero de las organizaciones activas del Frente Popular.
La dimisión de Portela arrastró el éxodo en masa de muchos gobernadores provinciales y otros funcionarios locales que dimitieron aterrados sin esperar la llegada de unos sustitutos adecuados. Apenas tomó posesión el Gobierno de Azaña, sin esperar a la transmisión normal de poderes, procedieron los dirigentes revolucionarios a apoderarse de los edificios y cargos públicos con la posibilidad de actuar así sobre la documentación electoral. En numerosos lugares donde habían triunfado las derechas, en la madrugada del 19 al 20 se abrieron los sobres que contenían las actas de votación y se sustituyeron por otras falsas en número suficiente para trasladar a las candidaturas de izquierda el triunfo que allí habían logrado las izquierdas. Así ocurrió, al menos, en Cáceres, La Coruña, Valencia, Pontevedra, Lugo y Orense.
La segunda vuelta electoral se efectuó en aquellos sitios donde la lista electoral más votada había recibido menos del 40% de los votos. Ello sólo había ocurrido en distritos moderados (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Castellón y Soria) y ahora las coacciones y el ambiente que hemos descrito, provocaron la retirada de los candidatos derechistas o su derrota incluso en aquellos lugares en que se había obtenido la victoria parcial en la primera vuelta.
Un artículo publicado el 5 de marzo en El Liberal de Bilbao y, por tanto, obra de Indalecio Prieto o respaldado por él, demuestra lo que se pretendía y su secuencia lógica:
«Para no dejar suelto ningún eslabón, debe dirigir [el Gobierno] igualmente la lucha en las circunscripciones donde los abusos cometidos justifiquen la nulidad de las elecciones del 16 de febrero. Los 300 diputados con que soñaba en sus delirios de grandeza Gil Robles, serán los que tenga el Frente Popular. Porque cuando se exprese libremente la voluntad del cuerpo electoral allí donde quedó secuestrado, las izquierdas alcanzarán y rebasarán esa cifra. Con esas tres victorias que consecutivamente nos aguardan: Elecciones legislativas parciales, renovación de Municipios y nombramiento de Jefe del Estado, la consolidación del régimen será tan firme que no resultará posible ningún retroceso» 4.
El 15 de marzo tiene lugar la sesión preparatoria de las Cortes —que concluye con los diputados del Frente Popular cantando la Internacional y saludando puño en alto— y al día siguiente se celebra la primera sesión ordinaria, siendo elegido Presidente Diego Martínez Barrios. El 17 se constituye la Comisión de Actas, presidida por Indalecio Prieto y de mayoría izquierdista, encargada de redondear la mayoría del Frente Popular. Su actuación —en un ambiente de violencia e intriga— terminó con una nueva pérdida de escaños por las derechas, aunque no tan desastrosa como hubiera sido previsible ya que, en ocasiones, se impuso el criterio moderado de respetar determinadas actas para así no lanzar a las figuras más destacadas (por ejemplo, Calvo Sotelo) a la oposición extraparlamentaria. «La discusión de las actas dio la tónica de lo que serán irremisiblemente estas Cortes... un organismo de guerra civil, serán la guerra civil misma encuadrada en un hemiciclo» 5.
Por fraudes atribuidos a las derechas durante la emisión de los votos, se declararon nulas las elecciones de Cuenca y Granada sin admitir ninguno de los recursos ante las clarísimas intromisiones de los frentepopulistas en otros lugares. Las izquierdas tampoco consintieron en investigar los robos de actas.
A espera del resultado de estas elecciones, el 3-abril quedaba constituida definitivamente una Cámara con la siguiente composición: izquierdas: 265 diputados; derechas, 133; centro, 54 y 21 puestos vacantes 6. El Frente Popular disponía ya de mayoría absoluta.
A comienzos de mayo se repitieron las elecciones en Cuenca y Granada. Las presiones fueron tales que en Granada las derechas se retiraron y, en medio de enormes dificultades, concurrieron en Cuenca donde se registró un triunfo del Frente Popular fruto de las coacciones y el fraude.
La destitución del Presidente de la República
Alcalá Zamora había manifestado su moderación y había intentado frenar algunas de las medidas planteadas desde el Gobierno. Era consciente de que la nueva administración estaba sirviéndose del estado de alarma y de la supresión parcial de las garantías constitucionales no para mantener el orden sino para dejar manos libres a las fuerzas revolucionarias. Además, poseía el poder constitucional requerido para destituir al Gobierno aunque éste tuviera apoyo de la mayoría parlamentaria y sustituirlo por un gobierno de minoría capaz de celebrar nuevas elecciones y reconducir la situación. El jefe del Estado se resistía a dar ese paso pero el Frente Popular había decidido no correr riesgos.
El 3 de abril, socialistas y comunistas presentaban en el Congreso una proposición pidiendo que se declarase, a los efectos del artículo 81 de la Constitución 7, que la última disolución de Cortes era la segunda de las decretadas durante el mandato presidencial de Alcalá Zamora.
Para seguir este camino, tenían que demostrar que la disolución de las Cortes Constituyentes debía computarse como la primera llevada a cabo por el Presidente de la República y declarar que las Cortes elegidas en noviembre de 1933 (cuya disolución habían pedido tan reiteradamente desde entonces, lográndolo al fin para su propio provecho) habían sido mal disueltas.
En lugar de acudir a una tercera instancia, la propia Cámara se atribuyó la potestad de decidir acerca de la primera cuestión, y al dictaminar inapelablemente que la disolución de las Cortes llevada a cabo en 1936 era la segunda, dejó abierto el camino para usar la vía más fácil de entre las previstas en la Constitución.
Si la destitución de Alcalá Zamora puede considerarse dudosa desde el punto de vista de la legitimidad jurídica, carece con certeza de legitimidad moral. La tesis de que el Decreto de disolución era innecesario sólo podía sustentarse lógicamente por las minorías de derechas, como lo habían hecho en su momento; por el contrario, aprobaron la proposición discutida los mismos partidos que antes se habían manifestado a favor de la disolución de las Cortes.
Nadie se movió para defender al presidente y su destitución quedó aprobada el 7 de abril de 1936. Apenas hacía cinco años que Alcalá Zamora había concedido un plazo a la Monarquía hasta la caída del sol, «ahora al presidente de la República —decía Romanones— no se le ha dado siquiera una hora».
El 10 de mayo tuvo lugar la asamblea conjunta de diputados y compromisarios para elegir al nuevo Jefe del Estado. A nadie sorprendió la elección de Manuel Azaña y el día 13 se formaba un gobierno presidido por Casares Quiroga, que iba a protagonizar la última fase de disolución de la República hasta la noche del 18 de julio.
Durante meses, la situación adquiere un contenido trágico: las derechas se ven obligadas a apoyar al Gobierno para eliminar toda posible actitud de provocación y como no queriendo aceptar la hipótesis de la insensatez del Gobierno; éste no puede hacer otra cosa que estar al servicio de la izquierda por temor a un desbordamiento aún más peligroso y a los revolucionarios, amparados por la legalidad y sin riesgo alguno, les basta exigir el cumplimiento de lo firmado en el pacto del Frente Popular:
«Vivimos en período revolucionario y es preciso que no se nos venga con empachos de legalidad, de la que ya estamos hartos desde el 14 de abril. La legalidad la impone el pueblo, que pedía el 16 de febrero la ejecución de sus asesinos. La República tiene que dar satisfacción a las necesidades del pueblo, y si no lo hace, el pueblo los arrollará e impondrá su voluntad» 8.
Notas:
1 Artículo en Journal de Génève (17-enero-1937), cit. por Cierva, Ricardo de la, Historia actualizada de la Segunda República y la Guerra de España 1931-1939, p.127, Fénix, Madrid, 2003.
2 ABC, Madrid-Sevilla, 18-febrero-1936.
3 ABC, Madrid-Sevilla, 18-febrero-1936. Dos columnas de texto correspondientes a estos titulares fueron suprimidas por la censura.
4 Cit. por Pla, José, Historia de la Segunda República Española. vol.IV, p.327, Destino, Barcelona, 1940-1941.
5 Pla, José, Historia de la Segunda República Española. vol.IV, p.339, Destino, Barcelona, 1940-1941.
6 Historia de la Guerra de Liberación (1936-1939). I. Antecedentes de la guerra, Servicio Histórico Militar, p.433, Madrid, 1945. Payne señala como composición definitiva del Congreso la siguiente: 277 escaños para la izquierda, 60 para el centro y 131 para las derechas (Payne, Stanley G., La primera democracia española. La Segunda República, 1931-1936, p.337, Paidos, Barcelona, 1995).
7 Según el cual, en caso de segunda disolución, el primer acto de las nuevas Cortes sería examinar y resolver sobre la necesidad del decreto de disolución de las anteriores. El voto desfavorable de la mayoría absoluta de las Cortes llevaba aneja (sin más trámites) la destitución del Presidente.
8 La Pasionaria en el mitin del 1-marzo; reseña aparecida en El Socialista, cit. por Pla, José, Historia de la Segunda República Española. vol.IV, p.307, Destino, Barcelona, 1940-1941.
[“Los mitos de la represión en la Guerra Civil”, págs. 40-46]

5 comentarios:

  1. Interesante extracto. Tengo hecho un minucioso estudio -pendiente de publicación- sobre el atraco electoral del Frente Popular provincia a provincia. Las elecciones las ganó la derecha. La izquierda se movilizó ilegalmente por la mayoría de provincias operando de mil maneras para ganar unas elecciones que tenía perdidas de antemano.

    Podríamos contar mucho de Galicia, de las maniobras del grado 33º Portela en Lugo, etc...

    Saludos,

    Smith

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  2. historia fición, a única represión en Galiza foi a fascista

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  3. Pues espero que salga pronto publicado todo eso Smith.
    La gente anda muy desinformada.
    Un saludo.

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  4. Entrevista a John Patrick Thompson
    Quinta, 2 Fevereiro 2006 (6:30)

    PGL - Valentim R. Fagim

    A Gze-ditora acaba de lançar, traduzido para galego-português, um trabalho do estadunidense John Patrick Thomson que mergulha na Guerra Civil na Galiza. Para conhecermos mais um algo deste Professor Associado de Espanhol na Montana State University, publicamos hoje uma pequena, mas interessante, entrevista com ele. Com isso esperamos ajudar a recuperar mais um algo a memória histórica galega.
    [+...]

    É comum investigadores norte-americanos debruçar-se sobre a chamada Guerra Civil, mas é infrequente fazerem-no sobre o espaço galego. Quais as motivações desta escolha?

    A motivaçom vem dada polo facto simples de que morei na Galiza ao redor de oito anos e ao me mergulhar na realidade galega, esta levou-me inevitavelmente a me interessar na guerra civil. Nom se pode pretender compreender Galiza sen aprofundar no fascismo e nos actos e psicologias dos seus acólitos que matárom milhares de pessoas e decapitaram todo projecto intelectual, cultural e, de certeza, nacional.

    Existe a mesma realidade em todos os lugares do mundo: Nunca umha pessoa pode atingir um entendimento medianamente objectivo de algum lugar caso nom conheça o passado. Nos EUA existe um baleiro de memória histórica tam grande que muita gente nom é capaz de compreender o presente político, social, cultural, etc. Caso contrário, como é que se explica que tantas pessoas continuem a acreditar no projecto fanático a assassino de Bush e da sua equipa? Os humanos somos todos iguais no sentido de todos/as termos a potencialidade de ser boas pessoas, até santos. Mas também podemos tornar-nos em torturadores e assassinos. Tudo depende da formaçom que tenhamos. Se esta for pobre e cheia de falácias, mais possibilidades teremos de nos deixar levar por fanatismos e comportamentos violentos.

    Na Galiza o regime fraguista—afortunadamente terminado—só pudo ficar no poder graças à ignoráncia de um sector muito significativo da populaçom. Esta ignoráncia foi imposta pola ditadura de Franco e, ao chegar à Transiçom, em vez de promoverem umha educaçom sobre os horrores do fascismo, os partidos políticos—incluídos os de esquerda—fizérom um pacto para impedir que essa educaçom tivesse lugar.

    A única maneira de corrigir esta eiva é através de um projecto rigorosíssimo que vise a exposiçom dos factos traumáticos do fascismo na Galiza e no resto do Estado, e que se produza em vários níveis da sociedade: no sistema educativo desde a escola primária até os programas de doutoramento, passando polo Instituto e a Universidade, nos meios de comunicaçom, nos actos de comemoraçom, nos discursos políticos e, é claro, a nível individual. É preciso rachar com o medo de falar contra as autoridades e recuperar os sonhos polos quais lutárom tantas pessoas durante os quarenta e três anos de barbarismo de que os e as militantes do Partido Popular nom se sentem envergonhados.

    Como tu comentas, na Galiza houve um esvaziamento físico e um silenciamento do que o progressismo, o galeguismo e o republicanismo estava a construir antes do Golpe Militar. Foi tam profundo este processo que, em minha opinião, até parece que os grupos que, na actualidade, seriam os seus herdeiros estám como presos de certa paralisia e pessimismo consubstancial. Algo assim como uma síndroma de Estocolmo. Qual a tua opiniom?

    Umha das estratégias franquistas na destruiçom do projecto nacional galego consistiu em propagar—por exemplo, através dos textos pseudo-históricos de Luís Maure Marinho e Silva Ferreiro—a falácia de a Galiza ter recebido com os braços abertos o fascismo. O estereótipo da Galiza passiva, indecisa e mansa já existia, com certeza, mas começara realmente a esvair poucos anos antes e, sobretudo durante a República. Os franquistas resuscitárom-no para justificarem a sua «cruzada» contra o que eles viam como o anti-cristo.

    Tam exitosa foi a campanha fascista em silenciar qualquer conquista democrática atingida durante a República que só desde há pouco tempo começamos a saber—graças a alguns textos históricos e literários—que o mundo rural galego era muito mais progressista do que se pensava. Por isso o que ti chamas a «síndroma de Estocolmo»—ou «a alienaçom» em termos marxistas— ainda existe. Muitos/as paisanos/as do mundo rural nom tenhem nenhuma memória do que o seu mundo era antes do fascismo; nom tenhem consciência histórica. E sabemos que para que umha naçom se reinvente sobre valores progressistas (que é o que arelamos as pessoas democráticas e amantes da cultura e justiça histórica) é preciso que umha boa parte do povo possua umha consciência histórica libertada de ataduras alienantes.

    No teu artigo falas do “Pacto do Esquecimento” em volta da Ditadura Franquista. Que análise te merece que no ámbito espanhol, parte da autodenominada como esquerda, tenha colaborado e colabore neste rapto da memória?

    Há vários factores que influírom na decisom dos líderes esquerdistas para apoiarem o Pacto de Esquecimento. Eu comentarei dous que me parecem os mais significativos. Para nós é muito doado criticar esses políticos de esquerdas e qualificá-los de covardes, passivos, interessados –e nom é que esta postura seja errada—mais temos que tentar meter-nos na pele dessa gente que vivia ameaçada constantemente pola regresso do fascismo espanhol. Eles participárom no pacto porque sabiam que polo menos ia triunfar a democracia parlamentária em que eles podiam jogar sem serem alvos constantes de ataques pola direita. Até depois do fracassado golpe de estado em 1981, o exército constituía umha ameaça constante. Em contraste com as forças armadas portuguesas que —ainda que divididas— defendiam, desde a Revoluçom dos Cravos até o estabelecimento do sistema parlamentário, os interesses do povo, o exército em Espanha foi sempre antidemocrático. E creio que este facto pesou muitíssimo na esquerda espanhola cujo objectivo maior era atingir um estado onde os seus direitos políticos fossem protegidos. Para eles, portanto, a justiça histórica era secundária.

    Outro factor que acho que influiu na aceitaçom do pacto por parte da esquerda foi a falta de visom de cara ao futuro. Creio que muitos/as dos/as que apoiárom o pacto nom se apercebiam de que umha sociedade nom pode ser democrática se nom tomar medidas contra os grupos autoritários e as ideologias que defendem. A melhor maneira de lutar contra o autoritarismo é através dos usos democráticos da história. O inimigo maior de qualquer tipo de fascismo ou comunismo totalitário é a memória dos eventos. Em Espanha se se tivesse feito justiça a favor dos e das que defendêrom a democracia, nom estaríamos com um partido tam poderoso —O PP— cheio de gente e elementos reaccionários. Esses reaccionários ia existir mas estariam nas margens da sociedade e nom na corrente principal da vida política, social e cultural.

    A literatura galega posterior à morte de Franco tem abordado o suficiente o drama da Guerra de 1936-39 e as suas consequências? Qual a funcionalidade destas obras?

    Penso que em proporciom ao número de habitantes galegos (dentro e fora da Galiza) se tem produzido muitíssimo sobre a guerra civil, e em todos os géneros: romances, contos, testemunhos, e também um algo de poesia e teatro. Em total, segundo o meu censo, têm-se publicado trinta e sete romances escritos em galego (todos, excepto um, som publicados depois de 1974) que tratam da guerra civil. Alguns exploram a guerra fora da Galiza em territórios espanhóis; alguns focam sobre a repressom na Galiza antes, durante e/ou depois da guerra; e outros tocam a guerra de maneira mais tangencial.

    Romances escritos por galegos em castelhano contabilizam ao todo os vinte e oito, mas é de assinalar que desde 1980 só se tenhem publicado cinco em castelhano enquanto que é trinta e dous a cifra dos que saírom en galego. Parece que escrever em espanhol sobre a guerra na Galiza já nom tem o mercado que tinha e isto demostra-o na minha opiniom o alto grau de consciencializaçom nacionalista galega que está ter lugar desde há três décadas. Na Galiza o castelhano foi a língua com que escrevêrom os vencedores, e os vencidos som (somos) conscientes de que para recuperar a memória reprimida, tenhem (temos) que utilizar o galego já que é o meio que melhor representa essa história silenciada. Nos EUA está-se recuperando desde há várias décadas a história do genocídio dos indígenas, mas é feito sempre em inglês, a língua que impuxérom os assassinos. As várias nações indígenas espalhadas polo país quase nom conservam as suas línguas e por isso as suas culturas, imaginários, religiões, sistemas de pensamento vam-se perder quase totalmente dentro duns poucos anos. O galego, afortunadamente, nom tem essa sentência irreversível de morte.

    O maior obstáculo no caminho para umha revoluçom de consciência histórica nas massas galegas radica no facto de os hábitos de leitura estarem a descer conforme passar o tempo. Isto é um fenómeno que acontece por toda a parte, mas na Galiza acrescenta-se outro impedimento que deriva da situaçom precária do galego. Até o galego se normalizar, é impossível aspirar a umha cultura leitora nesta língua. … certo que O lapis do carpinteiro cos seus mais de 60,000 exemplares vendidos (esta é a cifra que me deu Xerais no ano 2003 quando fixem a minha tese de doutoramento) deu aços e optimismo aos sectores progressistas-nacionalistas, mas este fenómeno nom se repetiu apesar de que há bastantes romances sobre a guerra que na minha opiniom som mais interessantes e melhor feitos que o de Rivas.

    O que tem que haver som mais iniciativas (tanto do governo como da educaçom) para aumentar o índice de leitura dos romances históricos. Agora que por fim estamos livres dum regime exercido por caciques reaccionários, podemos polo menos ter a esperança de que iniciativas de este estilo se ham de levar a cabo. Mas nom podemos ser passivos; temos que pressionar—como diz Chomsky, nunca som os partidos políticos os que revolucionam a sociedade, mas a gente e as suas organizações grass roots que o fam—e convencer as autoridades agora nom herdeiras do franquismo, de que a democracia precisa de umha cultura leitora maciça que aprenda do seu passado para criar umha praxe no presente. E também convencer os/as encarregados/as do sistema educativo (secundário e universitário) desta necessidade.

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  5. Rouco está cada día más ilegible: es como un licántropo en regresión.
    Yo ya sé lo de Gabriel Jackson, así que me he ahorrado los largos párrafos que nos propina en ese sub-esperanto ibero-occidental que le ha dado por usar en esta ocasión. Gallego-portugués, lo llama (obsesionados con la pureza lingüística nazonal, hoy le ha dado por el mestizaje).
    No dudo que tendrá muchos lectores, pero, como digo, Jackson está traducido al español. Pero yo no recomiendo su lectura. Si se tratase de las memorias de un ex combatiente republicano sería comprensible; pero no: va de historiador. Y como historiador es malo. Trabajo que os ahorro.

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