viernes, 3 de abril de 2009

Bebé medicamento

Dios ha creado el hombre a su imagen y semejanza: "varón y mujer los creó" (Gn. 1, 27)
El deseo de un hijo no puede justificar la “producción” del mismo (Dignitas Personae).

Dos semanas antes de la manifestación del 29-M la prensa informaba de la buena marcha en el tratamiento clínico de Andrés, un niño de siete años afectado por una anemia congénita hasta ahora incurable.
Para ello fue preciso que los padres de Andrés trajeran al mundo un nuevo hijo, libre de la enfermedad y con idéntico perfil de histocompatibilidad, del que se podría emplear el cordón umbilical para curarle. Con ese propósito expreso nació Javier.
Para ello hubo que someter previamente a un Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) varios óvulos de la madre fertilizados in vitro por espermatozoides del padre con el objeto de buscar un candidato idóneo para la posterior implantación en el útero materno, quedando descartados el resto de embriones.
Hay que resaltar que este proceso de análisis de los embriones se realiza en una etapa muy temprana, hacia el tercer día tras la fecundación, cuando estos tienen unas 6 u 8 células y presentan un aspecto similar a esta imagen


Como dato de referencia cabe señalar que en condiciones naturales de procreación un óvulo recién fecundado tardará unos 14 días en completar su anidación en el útero. A partir de entonces es cuando empieza a formarse la llamada estría (o línea) primitiva.

Si, como hemos visto, la Iglesia Católica no aceptaría siquiera la producción de un único embrión por fertilización in vitro fundada en el deseo genuino de un matrimonio de tener un hijo y formar una familia, no es de extrañar que este tipo de procedimiento le parezca mucho peor, de "mentalidad eugenésica", donde el embrión que saldrá adelante es programado, preparado y seleccionado entre otros candidatos que serán desechados (las cursivas son de la fuente):
El diagnóstico preimplantatorio –siempre vinculado con la fecundación artificial, que ya de suyo es intrínsecamente ilícita–se ordena de hecho a una selección cualitativa con la consecuente destrucción de embriones, la cual se configura como una práctica abortiva precoz. El diagnóstico preimplantatorio es por lo tanto expresión de aquella mentalidad eugenésica «que acepta el aborto selectivo para impedir el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de “normalidad” y de bienestar físico, abriendo así el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia».
[Instrucción Dignitas personae]
Pero además de la acusación de inmoralidad e ignominia por prácticas eugenésicas se encuentra una imagen terrible, de mayor envergadura si cabe para la IC: el hombre jugando a ser Dios creando vida a voluntad.

Javier, el llamado bebé medicamento, nació el 12 de octubre de 2008. Apenas cinco días después la Secretaría General de la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado criticando este tipo de "prácticas horrendas" junto con sus "planteamientos emotivos" y cuestionando incluso la dignidad del recién nacido:
“La dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos, sino procreados (…). Por tratarse de una relación puramente personal –no instrumental- la procreación es conforme a la dignidad personal del niño procreado, que viene así al mundo como un don otorgado a la mutua entrega personal de los padres”.
A decir verdad, un comunicado que no parece contradecir en nada la doctrina oficial de la Iglesia contenida en Donum Vitae y Dignitas Personae.

Y entre la alta jerarquía eclesiástica se han expresado opiniones como éstas:
- Monseñor Sgreccia, presidente de la Pontifica Academia para la Vida: "El método de selección del niño medicamento de Sevilla recuerda a Hitler"
- Cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud: "Un bebé-probeta, de por sí, es una anomalía: la vida humana es fruto de una donación amorosa mutua. Si no, no es humana. En el laboratorio se producen objetos, en la familia se engendra personas."
- Monseñor Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela: "Un embrión humano, desde el primer momento de su existencia a partir de la fusión de los gametos, es un verdadero sujeto humano, portador de un proceso interno y propio de desarrollo, coordinado, continuo y gradual, que le hace digno de un tratamiento singular, como verdadero sujeto de derechos, nunca confundible con una masa inerme de células. Por eso mismo resultan moralmente inadmisibles aquellas prácticas que implican producción arbitraria de embriones, manipulación o destrucción de embriones vivos, con elección de unos para la vida y de otros para la muerte, aunque sea con el fin de aprovechar en todo o en parte sus células en injertos y trasplantes. El fin no justifica los medios."
- Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, obispo de Orense: "una persona tiene sentido desde sí misma. Es absoluta en sí misma. Podemos ayudarnos unos a otros, constituirnos en apoyo para los demás. Sin embargo, no se puede generar una vida en función de una utilidad, aunque sea tan humana y fantástica como la devolución de la salud a otra persona".

Frente a ellos, Soledad: "Respeto a todos y pido a todos que me respeten. Yo no he hecho nada malo; todo lo que he hecho ha sido salvar la vida a mi hijo".


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Ver también:
- Ecce homo?
- «Nunca debimos sacar la fecundación humana del seno materno»

[Actualizado]
- (Marzo 2010) Nace el primer bebé en España sin distrofia muscular tras un diagnóstico embrionario.
- (Febrero 2012) Nace el segundo bebé-medicamento para salvar a su hermano.

3 comentarios:

  1. El problema aquí es parecido al del aborto.
    ¿sabemos si un embrión es un ser humano? Desde mi punto de vista sí, tiene ADN, crece para convertirse en un ser humano, está en un proceso que sólo mediante el aborto (natural o no) puede interrumpir. De un embrión humano no ha salido nada que no sea un humano.
    Ahora por tanto la madre cuando dice que ha salvado la vida de su niño, si es correcto lo ha hecho. ¿Cómo? Destruyendo unos embriones que no cumplían con la genética deseada. Si considero un embrión un ser humano, su destrucción por lo menos es considerable como un homicidio.
    Por otro lado si consideramos al embrión un ser humano, la madre de un niño enfermo de corazón podría decir que para salvar a su hijo necesita el corazón de otra persona y quitárselo mientras esté vivo (afortunadamente los donantes de órganos no suelen necesitarlos por haber fallecido), ya que el embrión desechado no está muerto, de ser implantado en una matriz daría lugar a un humano. De hecho a esta madre no le valdría un embrión muerto con el ADN compatible con su hijo.
    Si algún día se resolviera el problema científico de saber cuando empieza la vida de una manera inequívoca la Iglesia seguiría rechazándolo por el mero hecho de que no es fruto del amor de una pareja entregadas el uno al otro. Pero digo yo, ¿quien escucha hoy a la Iglesia? Los católicos, pues deben ser ellos quienes cumplan sus premisas. Los demás deben respetar la vida humana ¿no?.

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  2. Sobre el embrión como 'ser humano' he dicho algo en una entrada anterior vinculada con ésta.

    La cuestión es si estamos hablando de una persona.

    Por otro lado tengo la fuerte sospecha de que en este asunto en particular muchos matrimonios católicos, buenos observadores de la ortodoxia, no están de acuerdo con la Iglesia.
    Y cada día son más los que se someten a algún proceso de fertilización in vitro.

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  3. "Con ese propósito expreso nació Javier"

    Falso. Javier nació porque sus padres querían (como la gran mayoría, por cierto) tener otro hijo. Y "de paso" aprovecharon para salvar la vida de su hermano.

    Había que ver cuántos de nosotros dejarían morir a uno de sus hijos pudiendo salvarle, basados en un "desde mi punto de vista" como dice Ludovico. Desde mi punto de vista, Ludovico no tiene ni idea, como ningún otro por cierto, sobre si esas células son o no un ser humano. Unas células frente a los miles de millones del hermano que ya habla, corre, salta, llora, ríe... había que ver a Ludovico dejando morir a su primer hijo...

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